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Sicarios acabaron con la vida de un hombre en Barrancabermeja

Otro sicariato ocurrió en menos de 24 horas en Barrancabermeja. La noche del sábado un ex guerrillero quedó gravemente herido, aún lucha por su vida; la tarde del domingo un sujeto conocido como "Ñinga" murió luego de recibir varios disparos.

Otro sicariato ocurrió en menos de 24 horas en Barrancabermeja. La noche del sábado un ex guerrillero quedó gravemente herido, aún lucha por su vida; la tarde del domingo un sujeto conocido como «Ñinga» murió luego de recibir varios disparos.

Como todo barramejo, con las puertas abiertas de ‘par en par’, Feiver Felipe Silva «Ñinga» pasaba la tarde de domingo descansando, dejando entrar aire fresco luego de otro día caluroso en el Puerto Petrolero.

Estaba relajado, pero ya lo asechaban por dos matones que esperaban el momento propicio para lograr su objetivo, mandarlo a la “paz” eterna.  Hasta que le llegaron y “Ñinga” le dio entrada libre a la muerte.

A las 6:30 de la tarde una ‘tanda’ de disparos resonó  sobre la calle 75 del barrio La Paz.

Feiver Felipe Silva «Ñinga» de 34 años, era padre de dos menores de edad./Foto: Suministrada

Uno de los sicarios le atinó cinco disparos mientras su cómplice lo esperaba con la moto prendida, listo para darse a la fuga.

Feiver recibió el rafagazo en el rostro y los brazos. Minutos después fue trasladado hasta el Hospital Regional del Magdalena Medio, pero sus heridas eran contundentes, los médicos no pudieron salvarlo.   

No tendrán ‘Paz’

El trágico final de “Ñinga” llenó de dolor su mamá y sus dos hermanos.

Uno de ellos vive al frente de su casa, pero no estaba en ese momento. La culpa lo embarga, quizá algo pudo hacer, se lamenta.

El relato de los testigos agudiza su dolor; cuando entraron a auxiliarlo estaba aún cubriéndose la cara, mientras la vida se le desbordaba, la cantidad de sangre era espantosa, sus alaridos aún más.

Fatalidad en el Puente Guillermo Gaviria, entre Barrancabermeja y Yondó.

Sería por un ajuste de cuentas

La Policía investiga los móviles de semejante ataque, sin embargo presumen que  la muerte de “Ñinga” fue advertida en una rencilla por tráfico de drogas.

Las autoridades confirmaron que Feiver registra anotaciones judiciales por hurto calificado y porte ilegal de arma de fuego.

Habría salido de la cárcel hace siete meses, después de pagar pena por robarse una moto.

Aún así, Feiver era un gran padre, pero sus malos pasos hicieron que dejara solas a sus hijas menores de edad. No lo salvó ni el tatuaje  de la suerte del “Ying-Yang” que tenía en el pecho, ni el amuleto que siempre llevaba colgado en su cuello, estaba sentenciado y aquellos asesinos llegaron a la fija, a vaciarle el tambor de un arma y de esa forma ‘finiquitar’ el encargo.

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