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Una pareja que vive sus ‘bodas de cuero’

Con tan solo una pinza comenzó el negocio que unió las vidas de Olga Inés Díaz y Julio Marenco.

Ambos se conocieron a inicios de los dos mil en Barquisimeto, Venezuela. Julio, con raíces barranquilleras, es un hombre pragmático, profesional en ciencias exactas como la economía. 

En cambio Olga es “la aventura andante”, así se define ella misma. Ella es apasionada con cada nueva habilidad que aprende y de una mente creativa que la ayuda a tener ideas brillantes. 

Es por eso que ambos eran el complemento perfecto para ayudarse el uno al otro. Así que la pareja comenzó a diseñar, cortar y confeccionar accesorios para caballeros en cuero puro.

Las billeteras, manillas, pulsos y hasta monederos le hacían justicia a lo novedoso del nombre de la marca. 

Único en la biblia

Con la afinidad que compartían decidieron emprender juntos. Desde 2004 nació ‘Corban’, la palabra que es nombrada sólo una vez en el libro de Mateo en la  biblia y significa ‘mi ofrenda a Dios’.

De modo que el emprendimiento de la pareja deseaba contar con una bendición divina. No obstante, en 2018 les llegó la primera prueba de fe. 

La situación política del país vecino se complicó a tal punto que las familias debían separarse y migrar hacia múltiples países. 

En la ciudad del cuero

La primera parada fue Barranquilla, porque parte de la familia de Julio vive en la costa. Sin embargo, Corban estuvo cuesta arriba por una pendiente muy inclinada. 

Por lo que luego de dos años de arribar a ‘la arenosa’, Olga decidió viajar hacia Bucaramanga.

La capital del estado de Lara comparte un rasgo fundamental con ‘la ciudad bonita’: la inmensidad de la industria del cuero. Díaz pisó tierra santandereana en plena pandemia y tan pronto se permitieron los viajes intermunicipales, su esposo no dudó en acompañarla en la capital. 

Teniendo materia prima de todos los colores, formas y texturas, la pareja de 22 años de casados le dedicó toda su fé a los accesorios que ellos mismos fabrican artesanalmente. 

Incluso se sumó el hijo de Olga, Julio Gabriel Barnique, quien tiene un técnico en arquitectura. 

Los tres compartieron lo mejor de cada uno y lograron llevar muestras de sus productos hasta Zapatoca, San Gil, San Vicente de Chucurí y Barichara. 

La familia ya superó los tres años de trabajo en ‘la ciudad de los parques’, tiempo que puede tomarse como las eternas bodas de cuero. 

En esos pocos años, la calidad del producto logró convencer a comerciantes y ahora exhiben parte de su catálogo en los principales centros comerciales de la ciudad.

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