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‘Me sentí secuestrada por el taxista’, mujer es acosada en Bucaramanga

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‘Me sentí secuestrada por el taxista’, mujer es acosada en Bucaramanga

Una mujer que vivió un traumático momento en un taxi que tomó en el centro de Bucaramanga narró su experiencia en Q’hubo.

Otra agresión ocurrió en un vehículo de servicio público a una mujer, quien durante varios segundos percibió con terror como el conductor del taxi en el que se movilizaba la quería, según ella, llevar a un lugar completamente opuesto al que necesitaba ir, sin posibilidad de bajar el vidrio y a alta velocidad.


El hecho sucedió hace dos días cuando la víctima, de 57 años, paró un taxi en la carrera 33 (zona céntrica de Bucaramanga) con dirección hacia el barrio Nueva Granada, pero desde que comenzó el recorrido, varias situaciones empezaron a generar incomodidad en la mujer por la actitud y condición del taxi.


Por un lado, la mujer tenía que ir al barrio Nueva Granada, y le dijo que en ese barrio tenía que buscar una casa, el taxista según ella, se molestó al no tener la dirección exacta y le avisó que iría por el barrio San Martín para ‘llegar más rápido a su destino’, pero ella que conocía el sector al que iría, no le parecía coherente la ruta que había elegido el conductor.


Primero porque podría irse por vías más principales y, para ella, más seguras, y por otro lado, ella no conocía ese barrio lo que incrementó su temor. Sin embargo, intentó tranquilizarse y bajar los vidrios para estar más cómoda, pero ahí hubo otro inconveniente.


“Por mi seguridad, cada vez que me subo a un taxi con vidrios polarizados, prefirieron bajarlos, si el conductor tiene aire acondicionado le digo que lo apague para estar más tranquila. Una vez me monté e intenté bajar los vidrios oscuros el botón no servía por lo que le pedí al taxista que los bajara y ahí me dio como alerta”, dijo la mujer.


El hombre, según el testimonio de la víctima, que no tenía aire acondicionado le contestó a la mujer ‘esos botones vienen así, no bajan’. El pánico ya fue inevitable para la víctima que encerrada, con vidrios oscuros y yendo a una zona desconocida además de innecesaria, prefirió decirle al conductor que se detuviera para que ella buscara otro taxi.


“Y eso solo pasó en las dos primeras cuadras que andábamos, pero para mí fue suficiente para saber que no sería un recorrido confiable. Le pedí al hombre que se detuviera para bajarme y agarrar otro carro, pero él se hacía el sordo, estuve por lo menos tres cuadras pidiéndole que parara y él nada que respondía o detenía el taxi”, explicó la víctima.


Con temor por su vida, la mujer prefirió abrir la puerta del carro en movimiento levemente para ver si de esa forma el conductor dejaba de andar, y de inmediato el hombre frenó por completo haciendo que ella se pegara con el asiento del copiloto. Una vez se detuvo el carro el conductor empezó a insultarla.


“Me decía de todo, que vieja no se qué, y pues por fortuna un taxi que estaba atrás y vio la escena frenó también yo de inmediato me bajé y le tomé foto a las placas, después me monté al otro taxi y le dije lo que me pasó. Estaba aterrada con los nervios de punta, fue horrible”, aseguró la mujer.


Ella prefirió ir a una instalación policial para poner el denuncio y en una parte del recorrido, el nuevo conductor con el que estaba le alertó que el taxi anterior los estaba siguiendo. Sin embargo, una vez llegaron a la estación de Policía ya se había ido.


“Intenté poner el denuncio, pero los uniformados me dijeron que necesitaba el nombre del conductor entonces me acerqué a la empresa que estaba afiliada el carro, les comenté la situación y les pedí el nombre del conductor, yo tenía las placas. Siento que me trataron de forma evasiva y dijeron que enviara un email a la empresa y que lo trajera impreso”, explicó la mujer.


Ella, con miedo de que menores de edad o adultos mayores sean expuestos a este tipo de situaciones, decidió denunciar su caso al Área Metropolitano de Bucaramanga (AMB) para que tomen acción y haya más control con las normativas de los vehículos.


“Eso de los vidrios polarizados, no sé hasta que punto un vehículo de servicio público puede tenerlos, y además, cómo así que no funcionan los mecanismos para bajar los vidrios, eso compromete a todos los pasajeros a estar expuestos y vivir lo que me pasó”, concluyó la víctima.

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