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Luto en el gremio de camioneros por la muerte de Nelson Leal

Un microsueño o un descuido al conducir, habría sido la causa del funesto siniestro vial que cobró la vida de Nelson y la mujer que lo acompañaba.

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Luto en el gremio de camioneros por la muerte de Nelson Leal

Nelson Leal Barrera dedicó la mayor parte de su vida a su pasión: conducir. Cuando tenía 18 años aprendió a manejar y desde entonces no pudo soltar el timón.


Su oficio se convirtió en el legado de la familia, que para él era su mayor tesoro. Sus dos hijos, Diego y Juan Camilo, siguieron sus pasos y juntos emprendieron en el gremio.


“Mi papá me enseñó a conducir a los 12 años. Todos nos dedicábamos al transporte; manejando buses escolares y camiones. Él ya pensaba en trabajar otro dos años y descansar”, contó Juan Camilo, con la voz quebrada al hablar de su progenitor en tiempo pasado.


El jueves en la noche recibió la devastadora noticia. Nelson perdió la vida en un espantoso accidente de tránsito ocurrido en la Troncal del Oriente en Algarrobo, Magdalena.

¿Qué ocurrió?


Nelson Leal, Jesús Palomino y Yadys Margarita se movilizaban en el furgón de placas SXT-127, que conducía Leal desde Barranquilla hacia Bucaramanga con una carga de líchigo. Hacia las 9:30 p.m., cuando iba en el sector de Loma del Bálsamo, Magdalena, por razones que aún no son establecidas, chocó contra una mula de placas SND093 que venía por el carril contrario.


El impacto fue letal, los tres salieron expulsados del vehículo.


Nelson quedó tendido bocabajo en el asfalto. Los múltiples traumas le causaron la muerte de inmediato. Yadys terminó en zona boscosa y aunque alcanzó a ser llevada con vida a un centro hospitalario no sobrevivió, falleció horas después. Las autoridades no confirmaron sobre el estado de salud de Jesús.

Un mulero leal y el abuelo más ‘compinche’


Dos o tres veces por semana Nelson cubría rutas en su turbo a la Costa. Su veteranía y pericia al volante no se ponían en juicio, “nunca sufrió un accidente, ni un rayón al carro, era muy prudente”, contó Juan Camilo.


En cada uno de sus viajes, Nelson no podía llegar a casa sin un detalle para sus nietos, “era muy entregado a sus siete nietos, siempre les traía dulces o frutas”. El dolor por su partida es inconsolable.

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