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Por un rencor pasional mataron a Jhon «Klez» en Barrancabermeja

A sus “verdugos” solo les bastó perseguirlo unas pocas cuadras, para ultimar una rencilla ‘cazada’ por asuntos pasionales.

Hacía quince días que Jhon Edinson Silva Palencia había llegado a su natal Barrancabermeja, después de estar varios meses por fuera buscando cerrar un oscuro capítulo en su vida. Pero finalmente el pasado lo alcanzó.

A sus “verdugos” solo les bastó perseguirlo unas pocas cuadras, para ultimar una rencilla ‘cazada’ por asuntos pasionales.


El martes en la noche, sobre el concurrido sector de la comuna cinco conocido como El Bambú, dos sicarios le propinaron varios disparos cuando conducía su motocicleta de placa PHI-46.


Recibió dos impactos: uno en la espalda y otro en un brazo. Quedó mal herido pero estaba consciente, aferrado a la vida. Lo trasladaron a la Clínica Magdalena donde permaneció varias horas sometido a una intervención quirúrgica.

Su mamá estaba allí implorando para que salvaran a su “muchacho”, pero a las 3:00 de la mañana confirmaron que no resistió la cirugía, que había fallecido.

Lloran a Jhon “Klez”
Sus ‘parceros’ lo lamentan. “Klez”, como le decían, dejó a su madre, sus dos hermanos y una hija de seis años.


“Vuela alto hermanito, qué triste noticia, deja un vacío grande en mi corazón y mi alma”.


Fue el mensaje que publicó uno de sus amigos en la redes sociales y en el que compartía un fragmento de conversación en un chat donde “Klez” le decía que estaba entusiasmado por una oferta de trabajo.

Ya hay pistas
Aunque la familia no ha dado declaraciones, un allegado aseguró que, “estuvo en Aguachica viviendo con el abuelo, tenía problemas por relaciones clandestinas”.


Ya se encargarán las autoridades de esclarecer estas versiones y a qué personas llevarán esas indagaciones de relaciones ocultas.

No tuvo esa oportunidad
Edinson había comprado hace poco su motocicleta, con ella trabajaba como mensajero.


Esa noche salió a dar una “vueltica” fatal en la que le arrebataron de manera salvaje los anhelos de dejar atrás sus “malos pasos”.

De su fugaz existencia quedará que “vivió al máximo” cómo lo simboliza el electrocardiograma que llevaba tatuado en su brazo derecho.


Pero la huella eterna del vacío se sentirá.

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