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«Le decían el juguete»: madre contó cómo el hijo de un reconocido cirujano maxilofacial abusó a su hija

La adolescente, de 16 años, fue abusada por un compañero de clase y quien sería un reconocido profesional de la salud en la ciudad de Ibagué. Pese a denunciar, asegura que las autoridades no le creyeron.

A través de Volcánicas Revista, una madre dio a conocer el caso de abuso del que presuntamente fue víctima su hija, por parte de un compañero de clases del colegio San Bonifacio de las Lanzas, ubicado en Ibagué, Tolima.

“Me llamo María. Este no es mi nombre real, pero cualquier persona familiarizada con mi entorno en Ibagué, la ciudad donde resido, no tardará más de 30 segundos en saber quién soy», así empezó su conmovedor relato que ha generado tanto impacto en redes sociales, en especial en Instagram.

Luego, iniciaría a contar cómo era su hija antes de la pesadilla que denuncia. «Tengo una hija de 16 que, hasta hace unos años, cuando tenía 10, exploraba su creatividad, grabando videos tutoriales de maquillaje para Instagram y YouTube. Era sorprendente ver la facilidad y la manera tan auténtica en la que se expresaba», dando a entender que su pequeña era una niña común y corriente con ánimos de conocer el mundo, explorar la vanidad, su belleza y sus gustos.

Pero, lastimosamente, la historia gira a lo oscuro conforme avanza. «Esa niña desapareció, la aniquilaron el 31 de agosto de 2021. Ese día, a sus 13 años de edad, fue víctima de violencia sexual”. La madre señaló de culpable a un hombre, hoy mayor de edad, hijo de un reconocido cirujano maxilofacial y de una odontóloga.

El presunto agresor era dos años mayor que ella y ambos asistían al mismo colegio, el San Bonifacio de las Lanzas, considerado uno de los mejores y más prestigiosos de la ciudad. Un colegio de élite, en una ciudad pequeña en donde la élite es poca y toda se conoce».

Cabe recordar que para este contexto del año 2021, el mundo atravesaba por un momento difícil por la propagación del COVID-19, por lo que las clases en su mayoría eran virtuales. Sin embargo, para esta fecha ya se vivía un proceso lento de retorno esporádico a clases. Así lo recordó María y aún se da golpes de pecho por haber accedido a una petición que su pequeña le hizo ese día luego de salir de la institución.

Y es que, no es un secreto que para los estudiantes la pandemia fue una época de mucho impacto por el encierro, el aislamiento y por recibir educación mediada, pues esto a muchos alumnos les afectó el ánimo. Por esto, ella pensó que sería una oportunidad para despejar la mente.

«Ella me llamó a la salida de clases, a las 3:00 p.m., y me pidió permiso para ir a comer helado con el joven a una plazoleta del barrio. Antes de las 4:00 p.m. me llamó de nuevo y me dijo que él estaba castigado y que debía regresar ya a su casa, que si podía ir con él y un grupo de amigos y que estaría de vuelta antes de las 6:00 p.m. Hoy debo confesar que es la decisión de la que más me arrepiento de toda mi vida y que llevo meses intentando librarme de la culpa por haberla dejado ir».

Mientras María se encontraba en casa como un día habitual, su nena se encontraba en lo que ella pensaba: un rato de esparcimiento. Pero, según ella, fue en ese lapso de tiempo que lo peor sucedió.

«Esa tarde mi hija regresó a casa antes de la hora acordada. La sentí extraña, pero se encerró en su cuarto y un rato después, como hija de padres separados, salió a dormir a la casa de su papá. Sin embargo, durante los días que siguieron, su comportamiento siguió preocupándome: se encerraba en su cuarto, lloraba mucho, no quería volver al colegio y se negaba a hablar. Lo único que logré saber en medio de una conversación fue que el joven y sus amigos habían hecho un sticker de WhatsApp con la foto de ella en el que le decían “El Juguete” y lo tenían circulando entre sus compañeros de colegio».

Claramente esta conducta inusual en su primogénita le despertó mucha preocupación. Luego se enteraría del trato y todo lo sucedido. «Como si fuera poco, decían que ella era una “perra” y tenían un grupo de WhatsApp nombrado con el apellido de mi hija en el que se dedicaban a burlarse de ella». Cabe aclarar que todo esto, según su versión, la ciudadana lo supo en el año 2023.

Y es que la jovencita siguió viviendo en silencio durante un año y medio mientras luchaba con sus recuerdos, hasta que justo para mediados de ese año, tuvo una recaída al punto de verse obligada a ir a terapia. Tras algunas sesiones con la experta en el tema, la menor le contó a su mamá. «Lo que escuché de su boca rompió mi corazón en tantos pedazos que no sé si podrán volver a unirse», expresó María.

El relato sigue: «Ella recuerda que él empezó a darle besos y poco después la violó, a pesar de que ella le decía que no en repetidas ocasiones. Mi hija, como muchas otras víctimas, quedó paralizada. Él solo se detuvo cuando escuchó un ruido afuera y pensó que era su mamá que había llegado de trabajar. En ese momento mi hija temblaba, estaba llena de sangre y él, de manera despectiva, le reclamó por haberle manchado las sábanas y la mandó al baño a limpiarse. Ella, sintiéndose avergonzada y sucia por lo que acababa de pasar y con sus piernas aun temblando, se paró al baño. Cuando regresó, el joven estaba de nuevo en el cuarto y la miraba con una sonrisa burlona, como si estuviera ahí para comprobar lo que había pasado. Lo que pasó esa tarde le cambiaría la vida para siempre».

Al escuchar la revelación de su hija, María cuenta que sintió mucha indignación. «Me siento en medio de una sociedad que prefiere poner en duda la reputación de una niña antes que escuchar su dolor». Esto lo expresó puesto que su hija presuntamente recibía insultos en lugar de apoyo.

«Después de tomar valor para reportar los hechos en el colegio y poner la denuncia en la Fiscalía, empezaron a surgir toda clase de comentarios ofensivos en contra de mi hija. Decían que era mentira, que era una niña de dudosa reputación».

Tras conocerse el escándalo, las cosas continuaron de esta forma: «Después de la denuncia en la Fiscalía, la depresión de mi hija se hizo más profunda. Solo quería llorar y dormir, no comía y no quería salir de la casa. No volvió al colegio en el que estudió desde que tenía cuatro años y fueron muy pocos (contados con los dedos de una sola mano) los que se acercaron, escribieron o llamaron a preguntar cómo estaba. Para el resto era como si nada hubiera pasado, mientras a nosotros se nos caía el mundo a pedazos», dijo.

Su testimonio da cuenta que el colegio tomó la decisión de expulsar al joven de la institución y le dieron la oportunidad a la víctima de terminar su periodo académico; sin embargo, esto causó gran molestia en María. «Se siente como si su prioridad fuera mantenerse al margen del caso y mostrar algún tipo de imparcialidad para que todos estén contentos, en una situación en la que no hay espacio para la imparcialidad», enfatizó con contundencia.

Finalmente, María hizo una reflexión que comparte con las demás mamás ibaguereñas y todo el mundo. «Quizás en medio de tanta soledad, acudo a lo único que me queda: esto, la palabra puesta sobre el papel y en Internet, con la esperanza de que las mamás y las niñas que están pasando por cosas similares sepan que no están solas, que no las olvidamos y que juntas nos sostenemos».

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