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El maestro Ropero talla a ‘su imagen y semejanza’ en Piedecuesta

En Piedecuesta, gracias a la profesión de un hombre, la madera de cedro puede tomar la forma del Jesús Nazareno y los dos ladrones que lo acompañaron en su crucificción.  Rasgos como la mirada, las líneas de expresión y la textura de una barba tupida son estudiadas y replicadas minuciosamente por Juan Pablo Ropero Sanguino, […]

En Piedecuesta, gracias a la profesión de un hombre, la madera de cedro puede tomar la forma del Jesús Nazareno y los dos ladrones que lo acompañaron en su crucificción. 

Rasgos como la mirada, las líneas de expresión y la textura de una barba tupida son estudiadas y replicadas minuciosamente por Juan Pablo Ropero Sanguino, el único ‘imaginero’ de todo el área metropolitana.

Nacido y criado en San José de Cúcuta, Norte de Santander, el gusto por el arte se remonta en aquellos primeros dibujos que realizaba en primero de primaría. Pero, comenzó a sorprender cuando en bachillerato reveló un venado con tan realista aspecto que sus profesores incrédulos le comentaban: “dígale a su hermano hermano mayor que le quedó muy lindo”.

Tal gusto y habilidad por las artes visuales también manifestaron en su padre, Antonio Ropero Pérez, quien “había hecho pinitos” cuenta el artista. Sin embargo, este no pudo entablar mayor diálogo con su figura paterna porque falleció antes de que cumpliera dos años. 

Identidad piedecuestana

La obra de Juan Pablo Ropero está presente en los principales recintos religiosos del municipio garrotero. /FOTO: FELIPE JAIMES LAGOS. 

Cuando la situación de ‘la perla del norte’ se puso más caliente de lo normal, gran parte de los 8 hermanos de la familia Ropero Sanguino migraron hacia ‘la ciudad bonita’ y municipios aledaños.

El menor de todos, Juan Pablo, dio a parar en el municipio que se caracterizaba por sus multitudinarias procesiones en Semana Santa y por ser la zona predilecta para congregar Jesuitas. 

Rondaba el nuevo siglo y el joven cucuteño, en ese entonces, comenzó a aprender por su cuenta el arte de descubrir el rostro humano en medio de un trozo de madera.

 Aunque avanzar en el arte era cuestión de paciencia y rebusque ya que “las herramientas e implementos de esta destreza se consiguen sólo por encargo debido que aquí el oficio de imaginería no está tan desarrollado como en España o Italia” revela Ropero Sanguino. 

Una tradición que se agota

Puede consultar su catálogo artístico en la página de Facebook: Ropero Art. /FOTO: FELIPE JAIMES LAGOS.

En Piedecuesta, tierra reconocida como patrimonio cultural de la nación hace unas semanas, la imaginería era una industria consolidada y referente a nivel nacional. 

No obstante, cuando escasean los trabajos y el apoyo hacia el crecimiento profesional de este oficio que data del siglo XVII, el resultado es que la destreza se irá cuando sus artistas no amanezcan. 

“Una verdadera inversión en el arte es brindar becas internacionales en las que nosotros podamos educarnos y llegar a educar a artistas emergentes” propone Ropero, quien todos los días trabaja el arte sacro en su taller ubicado en el barrio La Cantera.

Ni una sola puntilla

Tras casi 25 años de experiencia y uno que otro reconocimiento, como lo fue ganar el primer lugar en el concurso nacional de Talento Sena edición 2022 por la categoría Transformadores, Ropero se ha ganado el título de maestro en las calles del municipio garrotero. 

Más allá de la trayectoria y los reconocimientos, la obra del maestro Ropero habla por sí sola. Por ejemplo, al ver de cerca la figura del Cristo llevando la cruz, ubicada en el Palacio Municipal de Piedecuesta, se logra apreciar la ausencia de puntillas.

Además, dicha representación es hueca, lo único que alberga en su interior son inscripciones de los auspiciadores y una que otra plegaria. 

Desde hace 5 años, las imágenes intervenidas por el maestro Ropero se encaminan en las procesiones de Semana Santa. /FOTO: FELIPE JAIMES LAGOS. 

Del mismo modo, llegó a sus manos la gran responsabilidad de darle un retoque a la imagen de Jesús crucificado junto a los dos ladrones. Las figuras talladas en madera policromada eran de cuando el municipio era conocido bajo el nombre de Villa de Piedecuesta.

Por lo que la labor de “eliminar las capas deterioradas para encontrar y rejuvenecer la esencia original de la pieza es un proceso muy técnico, no cualquiera lo hace y en Colombia hay contados quienes lo hacen como debe ser” afirma el maestro. 

Su obra e imágenes son como él, irrepetibles. En sus palabras lo que hace un arte al proceso de tallar imágenes realistas es que estas sean únicas. 

Por eso, por más que se consigan abundantes figuras religiosas en el mercado, lo cierto es que son contadas las que provienen de los árboles y están talladas por manos piedecuestanas.

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