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En Santander, Erfan Verdugo ‘colgó’ su existencia por la desdicha de un negocio

Erfan Manuel Verdugo era el mayor de dos hijos. Nació en San Gil pero vivía y trabajaba como agricultor en Cincelada, Santander. / FOTO: SUMINISTRADA.

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En Santander, Erfan Verdugo ‘colgó’ su existencia por la desdicha de un negocio

Erfan Manuel Verdugo de tan solo 19 años decidió ponerle fin a sus días. Su padre lo encontró colgado de un árbol en su finca, en Cincelada, Santander.

Erfan Manuel Verdugo Saosa, de 19 años, era el único hijo varón de Fulgencio Verdugo. Desde niño lo enseñó a labrar el campo y aprender de ganadería. Fulgencio, quien toda su vida fue agricultor, quería que su hijo tomara más adelante las riendas de la finca familiar ubicada en la vereda Santa Clara del corregimiento de Cincelada, Santander.

A su corta edad, Erfan era trabajador, dedicado y con visión de negociante. En la última semana estaba gestionando la venta de unas reses en el municipio de Coromoro pero le tendría que perder $1 millón de pesos a la venta de los animales, según contó su progenitor.

“Iba a bajar el ganado hoy (lunes) a la plaza, pero el domingo se levantó y le dijo a la mamá que no había dormido en toda la noche de pensar que iba a perder toda esa plata”, comentó Fulgencio consternado.

Desesperado por un ‘mal negocio’

Pues ese domingo Erfan se levantó temprano, a las 5:45 salió de la casa, dijo que iba a ordeñar el ganado y luego iría a misa.

A los quince minutos cuando Fulgencio se acercó al corral, vio a su hijo colgado de un árbol con una cuerda atada al cuello.

En su desespero, lo bajó de inmediato del tronco, cortó la cuerda,  intentó reanimarlo para que volviera a respirar pero ya era demasiado tarde. Tenía en brazos a su hijo ya muerto.

El funesto hecho ocurrió el domingo en la mañana, en la vereda Santa Clara del corregimiento de Cincelada en el municipio de Coromoro, Santander. / Foto: suministrada.

Ya no quedaba más que hacer sino informar a la Policía de lo sucedido.

Cuando llegaron encontraron el cadáver tendido con la estremecedora marca en su cuello, Erfan vestía sus botas amarillas de caucho.

“El sábado en la noche salió a tomarse unas cervezas con un amigo, estuvo hasta las 9:00 y le echó sus cuentos, sus penurias pero no era para que hiciera eso”, expresó afligido Fulgencio.

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